Interessant article del filòsof Bernard-Henri Lévy trobat a El País (24 gener 2010). "Des del moment de la seua elecció, el Papa, que représ de forma irrevocable el diàleg judeocristià, ha estat víctima d'un judici mediàtic i ha sofert la continua manipulació dels seus textos".
EN DEFENSA DE BENEDICTO XVI Habría que dejarse de tanta mala fe, de tantos prejuicios y, para no
callarme nada, de tanta desinformación cuando se habla de Benedicto XVI.
Nada más resultar elegido, el Papa ya fue objeto de un verdadero
proceso mediático en el que se le tachaba machaconamente de
"ultraconservador" (como si un Papa pudiera ser otra cosa que
"conservador"). Luego vinieron las insistentes alusiones, cuando
no las bromas pesadas, al "Papa alemán" y al "posnazi" con sotana, al
que, ni cortos ni perezosos, los guiñoles de la tele apodaban Adolf II (y eso porque, como todos los niños y adolescentes de su edad, fue enrolado en las juventudes del régimen). Más
tarde le llegó el turno a la manipulación de los textos pura y dura.
Por ejemplo, a propósito de su viaje a Auschwitz en 2006, hubo quien
pretendió, y a medida que pasa el tiempo y los recuerdos se vuelven más
vagos hay quien sigue pretendiendo -y repitiendo igual de
machaconamente-, que el Papa se habría referido a los seis millones de
muertos polacos como a víctimas de una simple "banda de criminales",
sin precisar que la mitad de ellos eran judíos (en este caso, el
infundio es apabullante, pues, en realidad, aquel día, Benedicto XVI
habló de los "jerarcas del III Reich" que intentaron "aplastar" al
"pueblo judío" y borrarlo de la faz de la Tierra -Le Monde del 30 de mayo de 2006-). Y ahora, tras una visita a la sinagoga de Roma -a la que precedieron
otras dos a las de Colonia y Nueva York-, la guinda la ha puesto el
mismo coro de desinformadores, que esta vez ni siquiera ha esperado a
que el Pontífice cruzara el Tíber para anunciar, urbi et orbi, que ni ha encontrado las palabras apropiadas, ni ha hecho los gestos adecuados, y, por tanto, ha fracasado... Así que, como el acontecimiento es muy reciente, me voy a permitir poner algunos puntos sobre algunas íes. Al recogerse ante la corona de rosas rojas depositada frente a la
placa conmemorativa del martirio de los 1.021 judíos romanos
deportados, Benedicto XVI no hizo sino cumplir con su deber, pero lo
cumplió. Al rendir homenaje a los "rostros" de los "hombres,
mujeres y niños" arrestados en el marco del proyecto de "exterminio del
pueblo de la Alianza de Moisés", Benedicto XVI dijo algo evidente, pero
lo dijo. Hay que dejar de repetir como loros que -cuando
reproduce palabra por palabra los términos de la oración que Juan Pablo
II pronunciara 10 años atrás en el Muro de las Lamentaciones, cuando
pide "perdón" al pueblo judío pogromizado por el furor de un
antisemitismo que durante mucho tiempo fue de origen católico, y lo
pide, insisto, leyendo el propio texto de Juan Pablo II- Benedicto XVI
hace menos que su predecesor. Cuando declara, tras una segunda
estación ante la inscripción conmemorativa del atentado cometido en
1982, en Roma, por unos extremistas palestinos, que el diálogo
judeo-católico entablado por el Vaticano II es ya "irrevocable"; cuando
anuncia que pretende "profundizar" y "desarrollar" el "debate entre
iguales" que representa el debate con esos "hermanos mayores" que son
los judíos, a Benedicto XVI se le puede acusar de todo lo que se
quiera, pero no de "congelar" el proceso abierto por Juan XXIII. NOTA: Es pot continuar llegint l'article a http://www.elpais.com/articulo/opinion/defensa/Benedicto/XVI/elpepusocdgm/20100124elpdmgpan_1/Tes
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